Durante la jornada del debate general de la 81.ª Asamblea General de las Naciones Unidas, la solidaridad internacional con Cuba resonó con fuerza. Representantes de América Latina, el Caribe, África, Asia y el Pacífico elevaron sus voces para denunciar el impacto devastador del bloqueo estadounidense y exigir el cese definitivo de las medidas coercitivas unilaterales.
Las intervenciones coincidieron en señalar cómo el entramado de sanciones afecta directamente las condiciones de vida de más de 10 millones de personas, obstaculizando el desarrollo energético, económico y social de la mayor de las Antillas.
Las regiones del mundo contra el bloqueo
Desde Brasil, el mandatario Luiz Inácio Lula da Silva calificó la política de Washington como un “castigo colectivo” que impone un embargo económico y energético ilegal sobre el pueblo cubano. En una línea similar, el presidente de Angola, João Lourenço, rememoró la contribución histórica de Cuba a causas nobles globales —como la lucha contra el apartheid— y cuestionó la injusticia de mantener a Cuba bajo un cerco inhumano, recordando además que Cuba no representa ninguna amenaza a la seguridad internacional y exigiendo su exclusión de infundadas listas de terrorismo.
Por su parte, desde el Caribe, la presidenta de Surinam, Jennifer Geerlings-Simons, abogó por el entendimiento diplomático, rogando a las partes involucradas apostar por el diálogo y la negociación para evitar un mayor recrudecimiento de la crisis. En representación de la región del Pacífico, David Adeang (Naoero) recordó que la Asamblea General lleva 33 años consecutivos exigiendo el fin de esta política, subrayando que la igualdad soberana debe ser un principio activo y no solo una letra escrita en la Carta de la ONU.
Desde Asia, To Lam reafirmó la solidaridad inquebrantable de Vietnam con el Estado y pueblo cubanos, exigiendo el cese de las sanciones energéticas y del bloqueo unilateral. Finalmente, el vicepresidente de Tanzania, Deogratius John Ndejembi, reiteró el rechazo absoluto de su país a las restricciones coercitivas que impiden el pleno disfrute de los derechos humanos y el desarrollo sostenible de naciones hermanas como Cuba y Zimbabue.
A pesar de la diversidad de matices regionales, el consenso en el podio de las Naciones Unidas fue diáfano: la cooperación, el diálogo constructivo y el respeto estricto a la soberanía son los únicos caminos viables frente a una política obsoleta e injusta.

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