Ya comenzó el nuevo curso escolar, quizás uno de los más complejos que nos tocará vivir. Pero el aprendizaje nunca se detuvo con el período vacacional, sino que más bien tuvo “asignaturas” diferentes y “aulas” poco convencionales. Ese espacio de las materias que se imparten en las escuelas, fueron ocupados por los talleres de verano en múltiples áreas para enseñar a niños y adolescentes nuevas habilidades para que exploren mejor su mundo.

También me sumé a esos talleres y en varios municipios, algo que vengo haciendo desde hace algún tiempo. En este caso, mi propósito es enseñar las mieles elementales de la Fotografía de Naturaleza usando la cámara que se tenga, sobre todo la del celular. Incluso si no se tiene cámara también son bienvenidos y entonces la dinámica se hace distinta, pero todos siempre participan como sea.

En mis talleres se invita a toda la familia a implicarse. Esto tiene varios propósitos: el celular para los niños no es solo para jugar, también puede ser una poderosa herramienta para crear arte o ciencia; estamos en un contexto donde el estrés de la precariedad nos quiere arrebatar los deseos de hacer, un cambio de actividad a los adultos nos sacude y nos demuestra que sí es posible hacer montones de cosas que muchas veces tenemos tan cerca que ni nos percatamos de ello. En estos talleres se aprende no solo de fotografía, sino de respeto a la naturaleza, de cómo comportarnos en ella para disfrutarla mejor. Pero también de integración y colaboración ya sea por trabajo en equipos o por la vinculación entre proyectos.

Este verano fue mágico. No importó en absoluto recorrer 40km en bicicleta hasta el Paisaje Natural Protegido Rincón de Guanabo, en el límite con la provincia de Mayabeque. Es que allí me esperaban el Proyecto Coraleando de Mercedes Plá y los niños de Guanabo para aprender cómo fotografiar en la naturaleza.

Resultó una agradable experiencia ver cómo los peques prestaban mucha atención a todo lo que se les mostraba. Curioseaban mucho en un mundo que apenas estaban descubriendo sin saber que lo tenían tan cerca. Pero lo mejor fue el naciente talento creativo que acababa de despertar, pues la mayoría de ellos nunca se habían acercado a la fotografía y tampoco sabían que podían hacerlo tan bien. Por eso en esta publicación las fotos de naturaleza no son mías, sino de Carolina, Thiago, Eynoa, Eytor, Émily, Aixa, Diego. Todos hicieron un excelente trabajo y posiblemente lo seguirán haciendo.

El Paisaje Natural Protegido Rincón de Guanabo devino en aula perfecta con su exuberante naturaleza, para brindarle a sus niños el escenario ideal en el despertar de estos talentos artísticos escondidos y que quién sabe lo lejos que podrán llegar. Nos veremos pronto otra vez, quizás en un nuevo taller de verano para soñar.

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