Aconteció lo que mínimamente debía suceder para levantar titulares y la atención de un público inoculado de silencios frente a otros abusos. No tan tarde como pasó con el genocidio cometido en Gaza, con el respaldo de la arrogante y putrefacta élite que hoy expulsa inmigrantes en un territorio robado y con privilegios producidos, fundamentalmente, por seres humanos nacidos en otros lares.
La 68º edición de los Grammy, celebrada en el Crypto Arena de Los Ángeles, devino en tribuna contra la política antiinmigrante del presidente estadounidense Donald Trump. Y sobre todo por eso será recordada; por el poderoso discurso del puertorriqueño Bad Bunny, la arremetida de Billie Eilish contra el Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE), más los constantes dardos amargos del presentador de la gala, el comediante Trevor Noah, que consiguieron molestar al magnate.
Las primeras señales comenzaron en la alfombra roja, con artistas portando pines con el lema ICE OUT (Fuera ICE) y prendas con mensajes similares. Celebridades como Billie Eilish y su hermano Phineas, Justin Bieber y su esposa, Hailey Bieber, o la estrella estadounidense Lady Gaga posaron ante las cámaras portando el prendedor en blanco y negro. Los pines, vistos previamente en los Golden Globes 2026, forman parte de una campaña respaldada por la Unión Americana de Libertades Civiles (ACLU) y una coalición de profesionales de la industria del entretenimiento.
Pero hubo más que consignas portadas. Eilish, ganadora de Mejor Canción del Año, por Wildflower, aprovechó el momento de recibir el premio para lanzar un contundente mensaje en defensa de las personas migrantes: "Nadie es ilegal en tierra robada. Necesitamos seguir luchando y alzando la voz. Nuestras voces sí importan. Que se joda el ICE "
La cantante había criticado públicamente a la agencia represiva, a través de Instagram y al recibir el premio Martin Luther King Jr. "Estamos viendo cómo secuestran a nuestros vecinos, cómo manifestantes pacíficos son agredidos y asesinados, cómo se nos despoja de nuestros derechos civiles, cómo se recortan los recursos para combatir la crisis climática en favor de los combustibles fósiles y de una industria agropecuaria que está destruyendo el planeta", apuntó entonces la artista.
A esta postura se sumó la ganadora a Mejor Artista Nuevo, Olivia Dean, quien dedicó su triunfo a la valentía de los inmigrantes. "Debo decir que estoy aquí como nieta de una inmigrante", apuntó para recibir una sonora ovación del público. "Soy producto de la valentía y creo que esas personas merecen ser celebradas. No somos nada sin los demás", señaló entre aplausos
También, Kehlani, ganadora en categorías de R&B, por Folded, aprovechó su paso por el escenario para condenar el accionar del ICE y exhortar a otros artistas a criticar la injusticia: "Juntos somos más fuertes somos más fuertes para hablar contra todas las injusticias que están ocurriendo en el mundo en este momento. Así que, en lugar de dejar que sean solo unas pocas personas aquí y allá, espero que todos se unan como una comunidad de artistas para alzar la voz contra lo que está pasando. Me voy a quedar con eso y decir, joder ICE".
En un contexto marcado por la indignación creciente frente a la escalada de redadas y deportaciones, la declaración de intenciones más explícita y constructiva la ofreció Bad Bunny, ganador del Grammy a Mejor Álbum de Música Urbana, por Debí tirar más fotos. "Antes de decir gracias a Dios, voy a decir fuera ICE", expresó en inglés tras subir al escenario, con una rosa blanca en la solapa. “También quiero decir a la gente que no odie a nadie en esta época, el odio se vuelve poderoso con más odio y lo más poderoso que eso es el amor; necesitamos hacer distinto, peleamos con amor, no necesitamos odiar a nadie”.
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No es la primera vez que se pronuncia contra el ICE, ni fue su única reivindicación en la gala. Al recoger el premio a Álbum del Año expresó: "A todos los latinos del mundo entero y a todos los artistas que estuvieron antes y que merecieron estar en esta tarima recogiendo este premio", apuntó quien agradeció a su madre haberle parido en Puerto Rico y expresar su orgullo de ser latino. Ratificando el discurso del disco premiado.
A propósito del triunfo y la declaración de Bad Bunny comentó Lady Gaga: “Estoy tan feliz por él y lo que representa para la gente es increíblemente importante. Es un brillante músico y ser humano. Es tan amable y pensé que lo que dijo fue increíblemente importante en este momento. Somos tan afortunados de tener líderes como él que alzan la voz por lo que es verdadero y lo que es correcto”.
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Y todo en el centro del foco, en una de las vitrinas más visibles de la industria del entretenimiento, en un escaparate proyectado y financiado para otros fines, para vender ídolos y marcas comerciales, para inundar los imaginarios de frivolidades y asegurar la condición hegemónica del Imperio Estadounidense, como expresión multidimencional y resultante de operaciones que apuestan por la dominación cultural. Lo que comprende que se instituya y se naturalice su Academia como la academia del Planeta y sus gramófonos como los premios anhelados por todos, los más valiosos y significativos.
Brilló la denuncia y vale el aplauso, uno más consciente y fraternal que el de otras veces. Su gesto acompaña a los discriminados, a los perseguidos y asediados por esta ola de terror. También señalan a los que guardan silencio y así toman partido. Vimos que otros artistas que suponíamos más cercanos y dolientes optaron por callar, nada hicieron en términos de denuncias, por su gente y por el país donde nacieron.
Aunque ojalá sirvieran para muchos más que denunciar el proceder del ogro mayor y de sus paramilitares del ICE. La verdad es que alzaron sus voces solo contra una de las manifestaciones, la más descarnada por estos días, de la "cultura de violencia" integrada en el ADN de Estados Unidos desde sus propios orígenes, un ideario de superioridad y una vocación de hegemonismo concretado en actos, invasiones y asesinatos, históricamente, dentro y fuera de sus fronteras, en Hiroshima y Nagasaki, en Miraflores recientemente y en las calles estadounidenses desde que el dictador naranja lo decretó.
Pusieron "en rojo" algo, y no debemos dejar de destacarlo, pero hasta ahí. Sus denuncias señalan pero no hieren el mal, ni renuevan las causas y condiciones de tales injusticias. Aún quedan incólumes el poder de Trump y de violentar vidas y leyes, dentro y más allá; la hegemonía del Imperio Yanqui en la arena cultural, la vocación mesiánica de sus élites, la base clasista y el sustrato subjetivo del sistema.
Queda operante, igual que antes de esta gala de premiaciones, la capacidad de los emporios privados y transnacionales de imantar los votos de la Academia con sus intereses y su racionalidad competitiva; como su tecnopoder para crear símbolos, para generalizar paradigmas y los credos doctrinales de sus dueños y CEOs, alineados a los de las élites económicas y a los de sus representantes políticos en el capitalista sistema-mundo de dominación.
Sus denuncias tienen límites que ellos mismo engordan. Al contribuir con el poder de estos emporios y del propio Imperio Cultural. Al reproducir el sistema de creencias predominante en el globo, al proceso social vivido y organizado en la práctica cotidiana de los estadounidenses y de millones de consumidores de la “aldea global”, con valores y jerarquías que hacen a unos músicos superiores a otros por el gesto publicitado de llevarse a casa un Grammy.

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