Se abren las cortinas de la Sala Covarrubias del Teatro Nacional para el concierto de la orquesta “Cuerdas Profundas”, e invitados de lujo bajo la dirección del Maestro Lázaro Dagoberto Gonzáles.

Luego del opening, los primeros arcos se deslizaron sobre las cuerdas para dar vida al Verano de Vivaldi, transportando al público en un viaje musical que trascendió desde lo clásico con nuestros ingredientes, hasta lo más genuinamente popular del repertorio cubano. Una mirada hacia la isla y sus raíces sonoras.
Pero para hacer la magia completa se sumaron invitados cuya maestría resultó en un gran disfrute del público:

Lázaro Oviedo, trompetista del Buena Vista Social Club

Rolando Luna, pianista de alto prestigio internacional

Mandy Cantero, cantante del “Tren de la música”, los Van Van
Así se llenó la sala de ritmos que tejieron un puente sonoro entre lo académico y lo cotidiano, entre el pentagrama europeo y el son montuno. Los instrumentos musicales, que antes dibujaban notas barrocas, se entregaron a la cubanía con la identidad propia que nos caracteriza.
Fue una mañana excelente, donde en medio de tantos obstáculos, el arte se abre paso de la mano del amor. Sí, porque cuando se ama la música, la melodía traspasa cualquier barrera. Un recordatorio de que el talento musical de mi Cuba no sabe de bloqueos ni de odios, pero sí sabe muchísimo de puentes y de amor. Cuando Mandy cantó su última nota, la Sala Covarrubias estalló en aplausos con el público ovacionando de pie un concierto tan intenso como hermoso, con la bendición del amor como premisa.

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